Ermitaña sin Facebook

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He vuelto después de más de dos meses de no escribir nada, y debo admitir que extrañaba muchísimo hacerlo, todo este tiempo llegaban a mi mente ideas sobre las cuales quería escribir, pero simplemente no tenía tiempo. Cuando escribo me gusta sentarme y tomarme todo el tiempo del mundo para poder compartir algo de valor después de llevar a cabo una reflexión interna sobre el tema.

Pero no hay cuidado, no es como que hubiera alguien pegado a la pantalla esperando que publicara algo, y es que precisamente de eso es lo que vengo a hablar hoy. Nos encontramos en una sociedad donde las personas publican su vida privada sin ton ni son, pensando que los likes y comentarios que reciben le darán un valor extra a su existencia.

Debo admitir que en algún momento, en mis inicios con Hi5 y Facebook me sentía en la misma sintonía que los demás chicos de mi edad, me quedaba horas de horas en el café internet pasando una y otra vez por las mismas publicaciones, comentando y chateando con “supuestos amigos” que ni siquiera conocía ni llegaría a conocer.

No hace falta describir como era cuando ya tenía teléfono celular, el deseo por hacer publicaciones se llega a volver una absurda obsesión, y crees que tener un perfil de Facebook es una necesidad y que si no tienes una cuenta te perderás de muchas cosas.

Después de casi dos años de haber cerrado mi cuenta, me doy cuenta de que efectivamente me he perdido de muchas cosas, pero ninguna de ellas es importante para mi o le aportan algo positivo a mi vida, por el contrario, puedo decir que me he liberado de la tonta obsesión de mirar mi teléfono a cada minuto del día.

Mucho tiempo después, vine a conocer el maravilloso estilo de vida minimalista, y lo he hecho parte de mi vida, y sí tengo una cuenta de Instagram, vinculada a este blog y no sigo más que algunas cuentas de blog y canales de Youtube que van con mis intereses y me ayudan a crecer como persona, pero entendí que estar pendiente de la vida de los demás, eso para nada me hará mejorar.

Y sin más palabrería te resumo los beneficios que se pueden obtener de no tener redes sociales, o al menos disminuir la cantidad y actividad en ellas:

  • Inviertes más tiempo en tu propio crecimiento como persona, ya que no pasarás horas de horas perdiéndolo al frente de una pantalla.
  • Tienes la oportunidad y seguridad de interactuar con amigos reales, que conoces personalmente, y que son importantes para ti.
  • Evitas sentirte tentado a criticar la vida de los demás, y vivirás tu propia vida, sin importar lo que hagan y publiquen las otras personas.
  • Las redes se han vuelto un medio donde cada quien defiende su punto de vista algunos sin ninguna educación y respeto. También evitarás ser participe de este tipo de situaciones.
  • En redes sociales cada quien da a conocer la mejor parte de sí mismo, aunque sea irreal. Si no sientes esa absurda necesidad de parecer perfecto en una cuenta de Facebook te será más fácil deshacerte de la superficialidad alimentada por lo likes y comentarios en tu perfil.
  • Aunque no para todos resulta de la misma forma, el cerrar tu cuenta de Facebook podría representar liberarte de una obsesión, punto. Sin más adornos.

Podría seguir citando muchos más beneficios, pero mi objetivo no es alargarme, ya que la experiencia puede variar mucho de persona  a persona, y a fin de cuentas no pretendo convencerte de no usar redes sociales, aunque ganas no me faltan a mi para erradicarlas del todo, pero lo importante es llegar al punto en el cual te sientas bien contigo mismo, donde seas feliz y la información que consumes sea positiva para tu vida, por lo pronto seguiré sintiéndome como una feliz “ermitaña” que no tiene Facebook.

¿No te agobia tener tantas redes como a mi en aquel entonces?

Photo by William Hook on Unsplash

 

 

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El regalo incomparable de una madre

Hace menos de una semana, se celebró en Costa Rica el “día de la madre”. Personas iban de un lado a otro buscando el mejor regalo para sorprender a su mamá. Unos que ya no la tienen en vida, llevaban enormes arreglos florales al cementerio. Algunos quizá, le regalaron tiempo. Otros, nada.

Lo cierto es que, día de la madre o no, con objetos materiales o no, las personas generalmente buscamos la manera de retribuir a esa mujer que nos dio la vida, un poco de todo lo que ella hace por nosotros. Pero sabes, es imposible.

No existe obsequio, que pueda compararse con el gran regalo que nuestra madre nos da, además de cuidar de nosotros, alimentarnos, criarnos y darnos un hogar, ya sea a su lado o no. Porque aun la mujer que no cria a su hijo, ya le ha dado el regalo más grande que puede existir: el don de la vida, porque es verdad que Dios da la vida, y Dios la quita. Pero es por medio de ese incomparable ser que Él mismo eligió.

Darle la oportunidad de nacer a ese pequeño feto, que crece en tu vientre, es la decisión más acertada que puedes tomar, enamorarte de él sin si quiera verlo, sentir su piel contra la tuya, y ese “pum” de un corazón que recién empieza a saber lo que es vivir.

No me explico todavía, como personas puedan negar que allí existe vida. Como se puede defender los “derechos egoístas” de mujeres que para vivir su vida como les plazca, no les interesa quitarle la vida a un ser que lleva su ADN, y que se está formando dentro de su propio cuerpo.

Por eso, alabo a esas mujeres que valientemente, enfrentan al mundo y regalan a su pequeño ser, el mismo regalo que a ellas también les dieron. La oportunidad de conocer que hay más allá de esas paredes oscuras.

Porque no hay obstáculo tan grande que se compare con la dicha de tener a esa personita en tu pecho, después de haber estado entre la vida y la muerte para traerle al mundo, y no hay acto tan sublime como ese, el de dar la vida por alguien más.

No soy madre, y no sé si algún día lo llegue a ser. Pero lo que sí sé, es que nunca podría ver el aborto como algo positivo. Jamás un derecho puede violentar otro derecho. No podría aceptar que quitar la vida a ser humano, por más pequeño que este sea, pueda ser llamado “un derecho”.

Si eres mujer, tú que lees, y estás en una situación, en la que debes tomar una decisión de tal magnitud, te invito a que lo medites otra vez, busca consejo, y, sobre todo, busca la guía de Dios, en su palabra encuentras la sabiduría más grande, pues Él es fuente de vida y de amor.

“Tú fuiste quien formó todo mi cuerpo; tú me formaste en el vientre de mi madre. Te alabo porque estoy maravillado, porque es maravilloso lo que has hecho. ¡De ello estoy convencido! No te fue oculto el desarrollo de mi cuerpo mientras yo era formado en lo secreto, mientras era formado en lo más profundo de la tierra. Tus ojos vieron mi cuerpo en formación; todo eso estaba escrito en tu libro” (Salmo 139:13-16).

El verdadero valor de un billete de mil

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Hace unos días, fui a hacer fila al cajero para sacar algo de dinero. Había muchas personas esperando, así que no tuve más remedio que estar ahí por un largo rato, el suficiente para admirar el ir y venir acelerado de las personas, pero hubo alguien en especial que capturó mi atención.

Era una señora, ni tan joven ni tan mayor, se encontraba parada en una de las esquinas con un puñado de libros de colorear en su mano, era claro que los estaba vendiendo. A todas las personas que pasaban les pedía un momento de su tiempo, para ofrecerles un librito, costaban un billete de mil.

Lo que más llamó mi atención era como la mayoría de la gente la ignoraba, como si fueran sordos o ella no valiera nada, un completo “cero a la izquierda”. La única excepción fue una señora que le habló para decirle que no tenía tiempo, y otra, que, al ir acompañada de una pequeña niña, se detuvo y le compró un libro.

Tuve tiempo para reflexionar al respecto, mientras iba acercándome al inicio de la fila del cajero. -Todos los que la han ignorado son tan pobres- pensé. -Son más pobres que ella, porque ni siquiera un segundo de su tiempo pueden ofrecer-.

Cuantas veces hemos ido por la calle, pensando en las compras “tan importantes” que debemos hacer, o en cuál restaurante vamos a visitar, mil y una cosas que absorben nuestra mente, y no nos hemos percatado de que hay un alma necesitada a nuestro alrededor, muchas almas, a decir verdad.

Y no se trata de cuánto dinero damos en caridad, que sí, por supuesto es importantísimo, de hecho, te insto a que lo hagas, da caridad, pero acuérdate de aquella ocasión cuando Yeshua observaba a las personas que iban a depositar sus ofrendas en el cofre de ofrendas, a pesar de que muchos daban grandes cantidades de dinero, al ver a una viuda pobre que puso apenas dos monedas de poco valor, él no vaciló en decir:

“Les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos los otros que echan dinero en los cofres; pues todos dan de lo que les sobra, pero ella, en su pobreza, ha dado todo lo que tenía para vivir” (Marcos 12:41-44).

Este es un acto de amor en el que no te duele desprenderte de tus posesiones materiales para darlas a alguien que más las necesita, eso es el amor al prójimo, y el amor a Dios, sabes que dependes de Él, y que Él es todo lo que necesitas.

Eso me recuerda una película, basada en hechos reales, “La lista de Schindler”, un empresario alemán que compró a más de mil judíos durante la Segunda Guerra Mundial con la excusa de ponerlos a trabajar en su fábrica, pero con el verdadero sentido de salvarlos de la muerte. Nunca olvido la imagen de Schindler, al final de la guerra, llorando de dolor, con un anillo en su mano, pensando a cuantas personas más hubiera podido salvar por el valor de ese anillo”.

Cuando por fin salí de la fila del cajero, introduje la mano en mi bolsillo, y sorpresa ¡Tenía un billete de mil! Era poco para mí, pero lo suficiente para pagar por un libro (que no me quedaría), quien sabe a cuantas personas más puedo ayudar por el valor de ese billete, o más”.

Como ser una persona más consciente en 4 etapas

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¿Alguna vez te has detenido a reflexionar qué tan consciente eres? Tal vez no es una pregunta tan común. A pesar de que nos vemos constantemente expuestos a mensajes de toma de consciencia sobre diversos temas, lo cierto es que vivimos en una sociedad un tanto egoísta, donde cada quien se preocupa de sus propios intereses (claro, con sus excepciones, no siempre se ve el vaso medio vacío).

Algunos pasan a creer que “ese rollo” de ser consciente es para los que andan haciendo protestas que “el medio ambiente”, que “los animales” y qué se yo otras cosas más, pero el concepto de consciencia va  más allá de esas visibles manifestaciones, se trata de conocerte a ti mismo, de lo que sientes, cómo piensas y actúas, sabiendo bien lo que haces, y eso aplica a cualquier actividad que emprendas.

Reflexionando en ello, te comparto estas cuatro fases por las que debemos pasar para lograr ser personas más conscientes, o por lo menos de como ha sido en mi experiencia.

1. Conócete a ti mismo.

Se dice que debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo, y que las personas cambian con tu ejemplo y no con tu opinión. Pero para cambiar tú, primero necesitas identificar qué es lo que anda mal. ¿Conoces tus virtudes y defectos? ¿Tus gustos y disgustos? Ser consciente es conocerte, reconocer tus sentimientos, tus convicciones y así poder entender porqué actúas como lo haces.

2. Busca la sensibilización.

Se dice que el verdadero sabio es aquel que aprende de todos, aprende de los demás. Sensibilízate a ti mismo, te aseguro que en verdad funciona, en especial si lo haces de manera regular. Depura tus listas de suscripciones y procura recibir información más útil y valiosa, y olvídate de aquella que no agrega valor a tu vida. Por el contrario, suscríbete a canales, blogs, páginas… etc., que generen información que te ayude a ser más responsable y humano.

3. Reflexiona al respecto.

Una vez que te llegas a conocer mejor a ti mismo, y que te sensibilizas por distintos medios se te hace más sencillo evaluar aquellas actitudes o hábitos a los que estás acostumbrado de toda una vida, y que a lo mejor no creías que estuvieran mal, pero que  te das cuenta de que sí afecta a tu entorno. En este punto, dejas el egoísmo a un lado, y empiezas a reflexionar en tus acciones y las consecuencias que traen consigo, y esto te ayuda a tomar mejores decisiones en tu vida.

4. Fíjate metas.

Recuerda que no basta con las palabras, hay que pasar a la acción. Sí, sé que cuesta trabajo, a mi me cuesta un montón, pero nada es imposible cuando nos proponemos algo, siempre y cuando tengamos seguridad de qué es ese “algo”. Si ya sabes que hay aspectos en los que necesitas ser más consciente, entonces empieza a trabajar en ello, pero empieza desde ya.

UN EXTRA:

El problema principal de ser una persona inconsciente es precisamente el egoísmo, porque actúas como te plazca sin pensar en cómo eso afectaría a todo tu alrededor, y lo contrario a ello es actuar con amor. Así que llenémonos del amor de Dios y reflejemos eso en cada área de nuestra vida “Ninguno busque únicamente su propio bien, sino también el bien de los otros” Filipenses 2:4.

¿Te gustaría reflexionar más en el tema? ¿Qué otro aspecto agregarías? ¿Quieres que te recomiende algunas fuentes gracias a las cuales me he hecho un poco más consciente?

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Ejercicios que no pueden faltar para empezar bien

He notado que últimamente son más las personas que se suman a hacer un cambio en su vida, para ser más saludables.

En definitiva, no es una moda, aunque algunos equivocadamente lo hacen por esa razón. Es llegar al punto en que cuerpo, mente y espíritu se conectan, para obtener un estado elevado de satisfacción .

Por esto, hoy quiero compartirte tres tipos de ejercicio que no pueden faltar en tu rutina diaria para que puedas empezar con muchas ganas y  energía.

Ejercicio Físico

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Nuestra sociedad está inmersa en un estilo de vida tan acelerado y a la vez tan sedentario. Entre más aparatos tecnológicos se inventan, menos actividad física hacen las personas.

Entre cero movimiento y comidas nada saludables nos estamos enfermando. Pero aún puedes salir del sistema. ¡Anda! ¡Muévete! Haz ejercicio, de ser posible diariamente. No necesitas tiempo y dinero para ir a un gimnasio.

Acostumbra estirarte todas las mañanas. Sal a caminar o correr, según tu resistencia. Practica algún deporte o simplemente ponte unas canciones que te gusten y da saltos por toda la habitación, la idea es mover tu cuerpo y que tu organismo funcione de la mejor manera.

Ejercicio Mental

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Así como tu cuerpo necesita moverse para quitarse un poco la herrumbre, tu mente también requiere de actividad para funcionar bien. Y perdón que sea tan insistente, pero deja un poco las pantallas, y empieza a usar tu cerebro.

Porqué no te adentras al mundo fascinante de la lectura, sea cual sea el género que te guste eso abrirá tu mente a un sin fin de conocimientos nuevos.

Si tienes alguna habilidad aprovéchala, y si no, puedes formarte. Aprende a tocar el instrumento que siempre quisiste. Saca de nuevo esas acuarelas y pinta hermosas ilustraciones. Escribe, ¿Recuerdas los diarios? eso es una excelente terapia.

Cabe mencionar que tu salud mental está estrechamente relacionada con tu salud física, por lo tanto, relájate, come saludable, duerme bien y evita el estrés, por favor lleva las cosas con calma.

Ejercicio Espiritual

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Por último, pero para nada menos importante es tu vida espiritual. Está bien si practicas alguna religión, pero si quieres llegar a otro nivel en cuanto a tu espiritualidad, necesitas tener una relación más estrecha con Dios.

La oración es una práctica totalmente poderosa. Te ayuda a entenderte más a ti mismo, te liberas de todo aquello que te agobia, y aprendes a agradecer por tantas y tantas bendiciones que te rodean.

Lee diariamente la Biblia. La sabiduría que puedes obtener de este maravilloso libro va más allá del conocimiento intelectual. La Biblia trata de cualquier tema que puedas imaginar. En ella aprendes de los errores y virtudes de otras personas.

Practica el agradecimiento y la adoración cada mañana, no hay nada que te renueve más que empezar tu día reconociendo que si despertaste no es por el azar, sino porque Dios tiene un propósito para ti. Pon en sus manos tu día y verás como te sentirás seguro, recargado de energía y alegría para todo lo que tienes que hacer.

Somos seres integrales

Nunca olvides que eres un ser integral, eres un templo. Si deseas sentirte completamente bien, debes prestar atención a cada área de tu vida. Sé consciente de que es importante tanto tener un cuerpo y mente como un espíritu sano. ¿Practicas este tipo de ejercicios continuamente? ¿Qué otra cosa le agregarías a estos consejos, que te ayuda a sentirte bien?

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Necesitas hacer un alto de información

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Hace un par de semanas hice una publicación sobre cómo cuidar nuestro templo, a nosotros mismos, y hablé un poco sobre la importancia de ser selectivos con la información que adquirimos por medio de nuestros sentidos, lo que escuchamos, lo que observamos, lo que hablamos y hacia donde nos dirigimos.

Es verdad, es importante evitar información que no aporta nada positivo a nuestra vida, y conscientemente, buscar un aprendizaje continuo sobre temas constructivos, que realmente nos edifiquen en las diferentes áreas.

Pero a veces sucede que esa búsqueda consciente se vuelve un tanto excesiva, al punto de que te saturas de tanta información, que aunque sea buena, no logras asimilarla en tu mente, porque es tanta la cantidad que te llegas a sentir abrumado.

Confieso que así me he sentido un poco últimamente. Desde el año pasado hasta la fecha he venido aprendiendo sobre temas tan fascinantes para mejorar mi estilo de vida, que he querido aplicar todo eso de un solo tirón.

No está mal querer mejorar como persona, pero es importante disfrutar de cada uno de los procesos que atraviesas, y entender que hábitos que tienes toda una vida de practicar no se van a ir de la noche a la mañana, porque es un proceso, y el proceso de cada persona es diferente.

No puedes pretender que tu estilo de vida sea de ensueño, como el de algunas personas que ves en las redes sociales, que de por si mucho de eso no es más que apariencia. Puedes tener una vida genial, súper saludable, consciente, pero nunca perfecta, de quererlo así, solo terminarás sintiéndote frustrado porque no puedes.

Aprende y cambia, sí, pero a tu ritmo. En días pasados me he sorprendido a mí misma aprendiendo mientras trabajo, y me doy cuenta que estoy a medias con el trabajo y a medias con el aprendizaje, pues aunque haga mi trabajo bien, no disfruto del proceso.

Otra de las cosas que me ha hecho reflexionar fue este post de Sara Pérez del blog Estudio Avellana, que me ha hecho pensar que no tengo porque creer que debo ser unas súper mujer, está bien que quiera ser mejor, y que desee tanto aprender, y tener una vida bastante ordenada, pero ¿A qué precio?, no al precio de mi salud mental o física.

Relaciono todo esto porque si busco información buena, positiva es porque precisamente quiero aplicarla a mi vida, pero no quiero sentir la presión de la sociedad, y mucho menos de mi misma.

¿Quiero ayudar a otros a acercarse a Dios y ser un buen testimonio para el mundo? Es mi propósito de vida, pero de nada me sirve ganar al mundo y perderme en los afanes diarios sin dedicar el tiempo suficiente a mi propia relación con Dios.

¿Quiero ser minimalista y aprender de otros minimalistas? Por supuesto que sí, pero disfrutaré el proceso y no me frustraré si voy más lento que otros.

¿Quiero ser más amigable con el ambiente? Claro, haciendo pequeños cambios, tomando ideas de aquí y allá, pero por favor un poco menos de información, y más acción.

¿Quiero terminar mis estudios? Me encantaría terminarlos lo más pronto posible, pero no se trata de ganar cursos, sino de a prender a ser una buena profesional.

En fin, mil cosas quiero hacer en mi vida, es mucho el aprendizaje, y mucha la información que me sirve para lograr todas esas metas, pero he decidido que iré más lento. Hoy he querido compartir contigo mi experiencia, porque puede ser que en algún momento de tu vida te sientas de esta manera, pero recuerda:

“Ser productivo, no es lo mismo que estar siempre ocupado”

¿Has pensado últimamente que tu vida pasa demasiado rápido y no la estás disfrutando como se debe? ¿Crees que también necesitas hacer un pequeño parón de información? Cuéntamelo en comentarios.

Foto de Andrew Neel en Unsplash

Dios no está muerto – Reseña y reflexión

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Hoy he querido compartir algunas reflexiones acerca de la película “Dios no está muerto”, sé que no es nueva, pero hace poco la vi como por tercera vez y la verdad me gusta mucho, me deja pensando en montones de cosas.

Básicamente trata sobre un estudiante cristiano llamado Josh, que se ve obligado a debatir en clase con su profesor de filosofía sobre la existencia de Dios, por haberse negado a firmar un papel con la frase “Dios está muerto”.

Esto representa un gran reto para el joven, quien arriesga su carrera ante la posibilidad de ser reprobado por su profesor ateo, a quien literalmente le enfurece la osadía del chico al contradecir sus palabras.

Miedo vs. Valentía

Tengo que destacar primero que nada la valentía de este joven. No es nada fácil enfrentarse a un preparado profesor de filosofía, a las burlas de la clase, a la desaprobación de los seres queridos, y lo que es peor, a los pensamientos negativos de no poder con todo.

Muchas veces nos pasa, que callamos nuestras ideas, y nos obligamos a hacer algo con lo cual no nos sentimos cómodos, solo porque tenemos miedo del qué dirán las demás personas, nos preocupa el ser rechazados.

Debemos ser un “Josh” y tener el coraje de ser diferentes, de ser personas integras. Después de todo, una persona valiente no es aquella que nunca ha tenido miedo, sino aquella que a pesar de sentirlo está dispuesta a arriesgar todo con tal de defender sus ideales y su fe.

Siempre hay dos caminos

Aun cuando Josh tenía la opción de obedecer a su profesor, firmar el papel y luego seguir como si nada con su vida “cristiana”, esta no fue una opción para él, porque iba en contra de sus principios y no podemos desligar cada una de las áreas de nuestra vida con nuestra fe.

A veces nos encontramos en situaciones como esta, donde necesitamos decidir con respecto a un determinado tema, y tenemos dos opciones, una fácil que nos ayudará a salir del apuro, pero que implica faltar a lo que creemos y otra, más tediosa, pero con la cual nos sentiremos bien, porque somos conscientes de que hacemos lo correcto.

Nadando contra la corriente

Una vez que tomes la decisión correcta, debes saber que no será sencillo. Representa ir “nadando contra la corriente”, porque sabes que actualmente, la sociedad te vende una vida de libertinaje y una religiosidad un tanto hipócrita.

Cuando decides marcar la diferencia, sabrás que llegarán comentarios de todo tipo, algunos de aliento, pero otros que si no eres lo suficiente fuerte, podrían desanimarte, también te pondrán muchos tropiezos, pero sigue adelante, con diligencia, que nadie dijo que sería fácil.

Cuentas con el respaldo de Dios

La Palabra de Dios dice que Él honra a aquel que le honra, por lo tanto, en la medida en que le seas fiel, el Eterno te va a cuidar y va a respaldar cada uno de los pasos que des, esto cuando haces su voluntad.

Por eso, ten cuidado de no hacer las cosas por mero orgullo o contienda. Si actúas por la razón correcta, de acuerdo con el propósito de Dios, te darás cuenta de que Él va a tu lado, y que al igual que el chico de esta historia, puedes no ser una persona “académicamente preparada” frente a otros que sí, pero tienes la sabiduría de Dios y eso es mayor.

Todo tiene un propósito

Es hermoso ver como al final de la película, las decisiones de algunos de los personajes influyeron de una manera significativa en la vida de otros. Como el coraje de una persona de compartir su fe, no religiosamente, con pruebas filosóficas sí, pero más que todo con confianza, e intentando agradar a Dios, antes que a los demás, caló en el corazón de otros.

Y no solamente el protagonista, otros personajes dentro de la película también inspiran mucha valentía, al enfrentarse al mundo, a su cultura, a sus sentimientos, a las críticas de los demás y a mil y un razones, dejando todo a un lado, a cambio de una vida con propósito en Dios.

¿Tú ya viste la película? Si no es así te la recomiendo, mírala y reflexiona: ¿Estarías dispuesto a tomar un riesgo así, con tal de defender tus convicciones?